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Artículo publicado, no íntegramente,
en El Mundo Ibiza y Formentera del 27 de enero de 2007.
XUMEU MESTRE, ARQUITECTE
Este escrito es consecuencia de un viaje a Ibiza en julio de 2006 y trata de la intervención en el edificio conocido como Ca´n Montero, en el recinto amurallado de la ciudad; escribo “a toro pasado”, pero la importancia del edificio justifica la oportunidad. Ante todo, mi agradecimiento a Salvador Roig que me ha facilitado un excelente trabajo que ha de dotar de rigor a mi opinión.
La intervención salta a la vista, se advierte un edificio reciente y fuera de lugar. A quien conoce Ibiza y no sabe lo que ha ocurrido, le puede parecer que han derribado Ca´n Montero, y en su lugar hay un hotelito con restaurante panorámico. Parece inverosímil, pero se explica al comprobar que es un edificio administrativo, no es ilegal porque el permiso lo concede el promotor; es chocante, porque era la casa más importante de Ibiza; como tal aparece en todas las descripciones de la ciudad a lo largo de la Historia, y así la consideraban los ibicencos a mediados del siglo XX.
Ca´n Montero es obra de maestros genoveses de mediados del XVII para un comerciante holandés llamado Fonne, que comerciaba, con la sal pitiusa, tenía alhóndiga propia en “la Marina” y se alojaba en ella. La importancia de sus operaciones mercantiles le obligó a residir en Ibiza durante el verano. Ca´n Montero es residencia de verano, y no de vacaciones. Se situó a la sombra del baluarte más alto, sus principales aberturas se abren a norte, la fachada sur es casi ciega y ni siquiera hay un patio, como ocurre en las casas impotantes de Dalt Vila. Nada hay en la casa, excepto el blasón familiar, que tenga caràcter representativo o le confiera un caràcter festivo.
En el siglo XX, Ca´n Montero había sido reformado, y difería considerablemente del primitivo edificio. La reforma consistió en suprimir la centralidad en la fachada norte y dotar al edificio de un sistema de proporciones que relacionaba los huecos con los cocientes métricos del edificio. Según las investigaciones del equipo de S. Roig, el primitivo edificio tenía una notable semejanza con el Palazzo Spínola de Génova. La casa Fonne y Ca´n Montero son dos edificios distintos, Ca´n Montero tiene mucho en común con el manierismo véneto, y la casa de Fonne corresponde al de la Liguria. Un elemento muy importante introduce un enigma, la cornisa de Ca´n Montero es similar en tamaño relativo y sucesión de molduras a la de la villa Foscari “alla Malcontenta”, de Andrea Palladio, según la lámina XXXII de sus Quattro Libri, y no consta si fue reformada; si fuera así no habría duda que fue una transformación intencionada en villa véneta.
En mi opinión es más interesante Ca´n Montero que la casa de Fonne. El manierismo en la Liguria se caracteriza por la invención decorativa extravagante, y el “horror vacui” -o incapacidad para admitir que el plano de fachada no esté repleto de elementos arquitectónicos-. La fachada del Palazzo Spínola es confusa a causa de la centralidad que se le impone, y no tiene cornisa sino una imposta magnificada. El manierismo contenido de Palladio es riguroso en el uso del repertorio figurativo clásico y su sintaxis e inscribe su forma en una pauta métrica basada en los cocientes musicales pitagóricos.
Según Palladio, una villa posee una planta principal situada sobre un basamento en que se aloja la planta de servicio, la cual alberga la cocina, un tinelo y dependencias para sirvientes y esclavos, y un sobrado o desván sobre la planta noble cuya principal utilidad es la regulación de la temperatura. Ca´n Montero era una villa.
La topografía del solar favoreció que se mostrara a norte como un volumen cúbico que quedaba dividido en dos partes iguales por una imposta sobre la cual se situaban los huecos de la planta principal, los huecos, tal como la conocimos, correspondían a los intervalos principales de la escala de Pitágoras: la tónica, la octava, la dominante y la subdominante.
Un edificio manierista genovés que se expresa con acento veneciano y luce ornamento colonial decimonónico ha de resultar particularmente molesto para historiadores y críticos, a quienes no acostumbra a gustar que una obra esquive sus casillas de clasificación, pero los problemas de profesionales no son un argumento válido para juzgar la arquitectura. Ca´n Montero era una obra de calidad excepcional, trataré de explicarlo.
El sistema proporcional, tanto en los huecos como en los planos generales, es una cualidad notable del edificio, aporta economía de formas y por tanto, sensación de armonía. Suprimir el hueco central aportó claridad y sobriedad al conjunto, ritmo a sus huecos, y expresó la subordinación de la fachada norte a la principal, que mira a sur. Se expresaba con claridad la pretensión de intimidad de sus habitantes, la cual se acentua por la opacidad del plano a nivel de la calle. La escalera de servicio, escamoteada en un cuerpo anexo, tiene una misión importante en la integración del edificio en el plano de la calle y en la entrega del edificio al terreno, evitando una dureza más propia de lo militar que de lo doméstico. La ausencia de ornamento clásico en la planta inferior, la ausencia de imposta entre la planta principal y el ático, y la fortuna del ornamento colonial de la planta principal, establecen la jerarquía propia de una villa y garantizan la unidad del edificio.
El ornamento en los huecos no es un conjunto de edículos, pero se ve como tal, es necesaria una atención especial para averiguar que no lo es. Un edículo es la representación de una construcción clásica, dos pilastras soportan un friso y un frontón. La razón de los edículos era, proteger los huecos, asegurar su presencia en fachada e integrarlos en el sistema general de relaciones métricas, porque los huecos eran pequeños y se veían como agujeros en el muro. Si me permiten la metáfora, los edículos equivalen a las cejas, los párpados y las pestañas. En Ca´n Montero el edículo se reduce a un cerco y un frontón flotante, una síntesis muy feliz.
Sólo haría tres objeciones poco importantes a la fachada norte de Ca´n Montero: El balconcillo decimonónico de la planta principal, las barandillas y los cercos de las esquinas son más propios de la arquitectura popular que de una villa y el hueco central de la planta de servicio debería haberse suprimido para ser coherente con la actuación en la planta noble.
Más importantes son las cualidades: La cultísima y valiente cornisa, la precisión métrica, la sobriedad casi tímida con que exhibía sus valores culturales, pero permitia al edificio -distinto a los demás- integrarse con naturalidad en el conjunto, y los grandes paños de muro, que con la elegancia de su silencio satisfacen a una mirada moderna Estas cualidades evocan el espíritu de una casta de mercaderes que, a partir de la mítica figura de Francesco Datini -que había traficado con la sal pitiusa y dotado de estructura comercial moderna al Mediterráneo occidental del siglo XIV-, propiciaron las condiciones culturales y económicas de las que había de surgir el Renacimiento. El interés por la cultura, el rechazo a la ostentación, y las construcciones piadosas o benéficas eran sus características.
La peste que asoló la isla e interrumpió su comercio a mediados del XVII cambió el destino de la villa y la apropiación de las salinas para la corona, cuando Felipe V accedió al trono, acabó de difuminar las huellas de su pasado.
Intervenir en Ca´n Montero era un asunto delicado, con riesgo de destruir un edificio importante por su arquitectura y por su historia, y de deteriorar la zona monumental más importante de la isla. Eso ha ocurrido.
La fortificación de Ibiza no es un fenómeno local, es la pieza defensiva más importante del Mediterráneo en la lucha por la talasocracia de dos grandes imperios, el español y el turco. Es obra de ingeniería, pero tiene un valor artístico que procede del rigor y la razón, con las aportaciones gratuitas que brinda la naturaleza.
La muralla tiene dos caras, el espectáculo justifica un viaje a Ibiza. Una es la que muestra al viajero que se aproxima al puerto desde el mar; un momento mágico para apreciarla es el que transcurre de la noche a la aurora, hora de llegada de barcos de línea. Con la primera luz del alba se advierte la silueta del castillo, que progresivamente toma una entonación como de acuarela pintada por mano invisible, se definen las primeras sombras, muy tenues, y se vislumbra su geometría de duras aristas que se engarza en un macizo rocoso y desnudo de tonos ocres y oliváceos. A la llegada al puerto se aprecia la rotundidad de su volumen y la vivacidad de su color.
La otra cara es la de la vida de Ibiza, la de su historia, un conjunto escalonado de edificios que se enmarcan con muros imponentes. A su vista se hace diáfana la estructura espacial de la ciudad y su historia se lee línea a línea. La dominación árabe, entre baluartes de G. B. Calvi, asoma entre los edificios de la coronación en forma de torreones y portezuelas, la conquista catalana se ve en los ábsides y el campanario de la catedral gótica que se yergue sobre el conjunto, el plano palaciego de la calle Pedro Tur es la Ibiza moderna, la del Renacimiento, el siglo de las luces y la Ilustración. El perímetro de la Ibiza antígua es el de la muralla árabe, la moderna ocupa el arrabal de Santa Lucía, que procede de la reforma con ampliación de espació que proyectó Jacopo “il Fratino” a partir del primitivo proyecto de Calvi. Ambas Ibizas tienen una pieza clave en su fachada, y las dos claves coinciden en un eje vertical que no es de simetría. La catedral es la clave de Ibiza y de la Ibiza antigua, la Ibiza moderna tenía el remate en Ca´n Montero, que se elevaba sobre el resto de los palacios de Pedro Tur y se recortaba en el baluarte de Santa Tecla.
Al intervenir en un edificio histórico es un deber del arquitecto y de los organismos que deben proteger el patrimonio, investigar sus valores.
La decisión más importante es determinar el uso a que se va a destinar el edificio, el cual debe ser compatible con su tipología, su estructura y su caràcter. Lo explicaré de modo sencillo con dos ejemplos de intervención en Italia. El vasto patrimonio de la península vecina y la experiencia de los italianos en su conservación justifican la orientación de mi mirada.
El primero sería el “Museo degli Uffici” en Florencia, concebido por Giorgio Vasari como edificio de juzgados. Para mí es el mejor edificio del mundo destinado a museo. La dignidad y la escala de sus fachadas es adecuada para un lugar en que se conservan y se exponen obras maestras, su amplio pasillo en forma de horquilla facilita la elección de itinerarios y la comprensión del espacio. Si se ha alterado algo del edificio, algún tabique de poca importancia, será para ampliar alguna sala. Una intervención tan perfecta que no se sabe el nombre de quién dejó de hacerla.
En el lado opuesto, estaría la intervención de Carlo Scarpa en el “Palazzo Querini Stampalia” de Venecia; allá Scarpa brilla con luz propia, es difícil sustraerse a la seducción de un gran arquitecto, pero no hay que confundirse, si hay un arquitecto respetuoso con el patrimonio, éste es Carlo Scarpa. Cuando Scarpa acepta el encargo, el Palazzo era una amalgama de infames reformas; después de la intervención adquirió más presencia en la ciudad; la obra nueva se subordina al Palazzo, casi se trata como mobiliario, y si se ve un patio ajardinado desde la plaza es porque en el muro que lo cerraba no quedaba nada del primitivo edificio y Scarpa proyectó un emotivo episodio espacial. Lo que sería inimaginable es un Scarpa arremetiendo, piqueta en mano, contra la cornisa del edificio.
El estado de Ca´n Montero a finales del siglo XX, sugería una intervención más próxima a los Uffici que al Palazzo veneciano; pero la primera decisión, la del nuevo uso, no podría ser más inadecuada. En la planta baja se puede leer que es un archivo; si uno consulta en Internet, parece que se trata de una alcaldía, el edificio no vale para una cosa ni para la otra.
Un archivo es un lugar protegido del polvo y de la luz natural con un sistema preciso de regulación de humedad y temperatura. La zona accesible al público es reducida y su iluminación no daña los documentos. Si se utiliza un edificio antiguo, se suelen tapiar ventanas, pero lo que se ha hecho es lo contrario, la superficie acristalada ha aumentado considerablemente, y además hay un mirador. ¿Quién va a un archivo a mirar lo que hay afuera?
Tampoco vale como alcaldía. Una alcaldía está en el edificio municipal más representativo, su puerta se ofrece abierta a todos los ciudadanos, aunque sea por simbolismo; el balcón y la plaza son importantes y esenciales pàra algunos actos, como el pregón de fiestas o la celebración de triunfos deportivos. No se entiende que una ciudad próspera e importante como Ibiza no haya construido un verdadero Ayuntamiento en un lugar idoneo, pero se entiende mucho menos la elección de Ca´n Montero como alcaldía. Destruir Ca´n Montero es más caro y más problemático en su construcción, que hacer de nueva planta el mismo bodrio en otra parte.
Ca´n Montero era un cobijo íntimo para una familia con pocos compromisos sociales, su puerta principal da a un estrecho callejón de ronda de muralla y su accesibilidad es deficiente, no puede haber alcalde minusválido. El mirador que ha sustituido al sobrado no es lugar de trabajo, las luces rasantes de las primeras horas de la mañana y las últimas de la tarde deslumbran y molestan a quien trabaja, sólo se está bien a la hora de comer, cuando nadie trabaja; es un comedor panorámico.
Probablemente es suficiente analizar los valores del antiguo edificio para juzgar la reforma, por eso me limitaré a indicar algunos aspectos importantes: La decapitación del edificio, el derribo del cuerpo anexo, la placa negra en planta baja y la adición de ventanas, tienen como consecuencias la eliminación del elemento más culto, el que da identidad y esencia al edificio, o sea la cornisa, la desaparición de las proporciones y el criterio en la fenestración del edificio, a la elegante austeridad sucede un “horror vacui” obsesivo; el edificio queda desintegrado de la calle y del terreno y se destruye el ambiente íntimo del callejón que conduce a “Sa Portella”. La cubierta de teja que se apoya con torpeza en gruesos pilares de acero puestos en las esquinas es contradictoria y promete fisuras. La presunta modernidad de la actuación no es excusa, porque no es moderna, modernos son los edificios de mediados del siglo pasado.
No sé si hay que dar Ca´n Montero por perdido o mantener la esperanza de que se restaure. Cuanto más tiempo pase, más difícil será.
Xumeu Mestre, arquitecto |